Levadura de vino

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Levadura para vino: cómo elegir la cepa adecuada para una fermentación controlada

Saccharomyces cerevisiae y la selección de cepas comerciales
La fermentación alcohólica del vino se basa casi exclusivamente en Saccharomyces cerevisiae, una especie omnipresente en los viñedos y las bodegas. Esta levadura convierte los azúcares fermentables (glucosa y fructosa) en etanol y CO₂ según una proporción teórica de 17 g/l de azúcar por cada 1 % vol. de alcohol. Las levaduras autóctonas presentes en la piel de las uvas pueden iniciar esta fermentación de forma espontánea, pero son impredecibles: su población varía de una añada a otra, de una parcela a otra, y pueden dar paso a cepas menos eficaces o producir cantidades excesivas de ácido acético o de H₂S. Las cepas comerciales seleccionadas resuelven este problema garantizando un rápido dominio del medio y un perfil aromático reproducible de un lote a otro.

Levadura seca activa para vinificación: ventajas prácticas y protocolo de rehidratación
La levadura seca activa (LSA) se deshidrata hasta alcanzar un contenido de agua inferior al 8 %, lo que le confiere una vida útil de 24 a 36 meses a temperatura ambiente, frente a los 3 a 6 meses de las preparaciones líquidas refrigeradas. La dosis de inoculación estándar se sitúa entre 20 y 30 g/hL de mosto. Antes de su incorporación, la rehidratación es un paso imprescindible: disolver la levadura en agua a 35-40 °C durante 15 a 20 minutos, idealmente en presencia de un activador de rehidratación como el GoFerm (25 g/hL), que protege las membranas celulares y mejora la supervivencia al choque osmótico. A continuación, hay que añadir progresivamente mosto frío para aclimatar la suspensión antes de inocular la cuba. Una diferencia de temperatura superior a 10 °C entre la levadura rehidratada y el mosto provoca un estrés térmico que reduce la tasa de supervivencia celular y compromete el inicio de la fermentación.

Seleccionar la cepa de levadura según el perfil aromático y el tipo de vino
La elección de la cepa determina directamente el carácter del vino final. La EC-1118 (denominada «Champagne») tolera hasta un 18 % vol. de alcohol y produce pocos compuestos aromáticos secundarios: resulta útil para las bases de vinos espumosos, las refermentaciones en botella o los vinos con alta extracción de azúcar. La 71B es conocida por su capacidad para degradar entre el 20 y el 30 % del ácido málico por vía metabólica, lo que suaviza de forma natural los vinos elaborados con uvas de alta acidez; genera ésteres frutales (acetato de isoamilo) que la hacen adecuada para vinos jóvenes destinados a un consumo rápido. Las cepas de tipo ICV D21 o Zymaflore VL1 están orientadas a la preservación de los tioles varietales en los vinos blancos (sauvignon blanc, moscatel), siempre que la fermentación se realice entre 14 y 18 °C. Para los tintos con una fuerte extracción tánica, cepas como la AWRI 796 resisten temperaturas de fermentación entre 22 y 28 °C sin generar desviaciones olfativas importantes.

EC-1118: tolerancia al alcohol de hasta el 18 % vol., baja producción aromática, fermentación rápida y completa, indicada para espumosos y vinos con alto contenido en azúcar
71B: degradación parcial del ácido málico (20-30 %), producción de ésteres frutales, vinos jóvenes y semiaromáticos, temperatura óptima 15-25 °C
Zymaflore VL1 / ICV D21: conservación de los tioles varietales, blancos aromáticos, fermentación a baja temperatura (14-18 °C), baja producción de SO2
AWRI 796: resistencia al calor, vinos tintos con estructura, buena tolerancia a los taninos y al etanol, fermentación entre 22 y 28 °C

Temperatura de fermentación: el impacto directo en los aromas y la gestión de la cuba
La temperatura condiciona tanto la velocidad de actividad de las levaduras como la naturaleza de los compuestos volátiles producidos. En los vinos blancos y rosados, una fermentación realizada entre 14 y 18 °C ralentiza el metabolismo de las levaduras, favorece la retención de los aromas primarios (terpenos, tioles) y limita la formación de acetaldehído. En el caso de los vinos tintos, un aumento hasta los 28-30 °C acelera la extracción de antocianinas y taninos de la piel, pero exige una vigilancia estricta: por encima de los 35 °C, la mayoría de las cepas comerciales entran en una fase de muerte celular irreversible. Por debajo de los 10 °C, la fermentación puede detenerse antes de que se consuman todos los azúcares, dejando un azúcar residual incontrolado. Las fermentaciones detenidas representan uno de los accidentes de bodega más costosos de corregir, a menudo porque la reinoculación de un medio alcohólico con alta presión osmótica requiere cepas específicas y experiencia en su manejo.

Nutrición nitrogenada y prevención de fermentaciones bloqueadas
Las levaduras fermentan mal si el nitrógeno asimilable del mosto (YAN, Yeast Assimilable Nitrogen) es insuficiente. El umbral mínimo operativo se sitúa en 150 mgN/L; por debajo de este valor, el crecimiento celular se ve comprometido y la producción de H₂S aumenta significativamente. Los mostos procedentes de uvas sobremaduradas o producidos en condiciones de sequía suelen situarse por debajo de los 100 mgN/L. La corrección se realiza mediante la adición de DAP (fosfato diamónico) o de nutrientes complejos del tipo Fermaid-O, fraccionados en dos aportaciones: al inicio de la fermentación y luego al comienzo de la fermentación activa, cuando se ha consumido aproximadamente un tercio del azúcar. La tolerancia al SO₂ es un parámetro que debe verificarse en la ficha técnica de la cepa: algunas soportan 30 mg/L de SO₂ libre sin inhibición, otras son sensibles a partir de 15 mg/L. Este umbral se vuelve crítico si el mosto ha sido sulfitado de forma preventiva tras la vendimia.

Conservación de la levadura seca para vino: condiciones y vida útil
Una levadura seca almacenada correctamente conserva una tasa de viabilidad superior al 70 % durante todo su periodo de conservación indicado. Las condiciones requeridas son sencillas: temperatura inferior a 25 °C, al abrigo de la humedad y de la luz directa. Un sobre abierto debe cerrarse herméticamente y utilizarse en las 24 horas siguientes. No se recomienda la congelación de las levaduras secas activas: los cristales de hielo dañan las membranas celulares y reducen la tasa de supervivencia tras la rehidratación. Tanto en bodegas artesanales como en la vinificación casera, un envase de calidad, como una bolsita de aluminio sellada con la fecha de fabricación visible, constituye el primer criterio de selección práctico, incluso antes que la propia cepa. Un lote cuya fecha de producción se desconoce o es demasiado antigua compromete la inoculación, independientemente de la calidad de la cepa elegida.

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