Calefacción por infrarrojos

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Calefacción eléctrica por infrarrojos: tecnología radiante, selección técnica

Un radiador infrarrojo no calienta el aire ambiente. Emite radiación electromagnética en el rango comprendido entre 3 y 15 µm (infrarrojo lejano) o entre 1,4 y 3 µm (infrarrojo medio), que es absorbida directamente por las superficies sólidas: paredes, suelo, mobiliario, cuerpo humano. El calor percibido es inmediato, estable y no desaparece al abrir una ventana. Esta es la diferencia fundamental con respecto a un convector eléctrico, que calienta el aire —el cual asciende hacia el techo y se escapa por la más mínima fuga de la envolvente. Para espacios diáfanos, locales con techos altos, terrazas cubiertas o estancias abiertas, un panel radiante infrarrojo es técnicamente superior a cualquier solución por convección.

Cuarzo, carbono o cerámica: qué tecnología de emisor elegir

Los emisores de tubo de cuarzo alcanzan temperaturas superficiales de entre 600 y 900 °C. Producen una radiación de onda corta, visible en el rojo anaranjado, con un tiempo de subida de potencia de unos segundos. Su principal ventaja es la densidad de potencia: un tubo de cuarzo de 2000 W ocupa menos de 40 cm de longitud. El inconveniente es la molestia visual en espacios habitables o de restauración, y su sensibilidad a los golpes mecánicos.

Los emisores de fibra de carbono funcionan entre 300 y 600 °C. Emiten en el infrarrojo medio-lejano, producen una luz roja muy atenuada y presentan una vida útil anunciada de entre 5000 y 10 000 horas. Son adecuados para usos residenciales en interiores y terrazas semiabiertas. Su consumo suele ser menor en comparación con los emisores de cuarzo de potencia equivalente debido a un mejor rendimiento espectral de absorción por parte de la piel y las superficies comunes.

Los paneles con elemento cerámico o con resistencia integrada en una placa mineral emiten infrarrojos lejanos puros, entre 8 y 12 µm, con una temperatura superficial limitada a 60-120 °C según el modelo. Son silenciosos, no emiten luz visible y son adecuados para aplicaciones en las que prima el confort visual: dormitorios, baños, oficinas. El tiempo de calentamiento es más largo (de 3 a 8 minutos), pero la difusión térmica es más homogénea en toda la superficie radiante.

Dimensionamiento: cálculo de la potencia según el uso y la configuración espacial

La regla de 10 W por m³ para un local bien aislado constituye un punto de partida, no una regla absoluta. Un techo a 3 m de altura en una habitación de 20 m² representa 60 m³, es decir, 600 W teóricos en condiciones favorables. Pero un garaje sin aislamiento, una terraza acristalada o una terraza cubierta abierta por los lados requieren un coeficiente multiplicador de 2 a 3. Un sistema de calefacción por infrarrojos eficaz para una terraza exterior suele partir de 1500 W para cubrir de 4 a 6 m², siempre que se coloque a menos de 2,5 m de altura y se oriente hacia la zona ocupada.

Uso residencial en interiores: paneles de pared o de techo, de 400 a 1200 W, infrarrojos lejanos, sin luz visible, IP20 como mínimo, termostato integrado o compatible con domótica
Uso exterior en terrazas o pérgolas: emisor suspendido con tubo de cuarzo o carbono, de 1500 a 3000 W, índice de protección IP44 como mínimo (IP65 para exposición directa a la lluvia), cableado en canaletas estancas

Criterios técnicos que hay que comprobar antes de cualquier compra

El índice de protección IP condiciona la instalación. IP20 solo permite su uso en locales secos. IP24 tolera las salpicaduras de agua (cuarto de baño en la zona de la ducha, porche acristalado). IP44 es el mínimo para un uso semi-exterior expuesto a la intemperie. IP65 es adecuado para una instalación al aire libre sin protección. Un radiador infrarrojo de baño debe llevar, como mínimo, la marca IP24 y la clase II de doble aislamiento eléctrico, de conformidad con la norma NF C 15-100 para los volúmenes 2 y 3.

La clase climática rara vez se menciona en los radiadores infrarrojos residenciales, pero es importante para los modelos de exterior. Un aparato no especificado para temperaturas bajo cero puede sufrir grietas en sus elementos cerámicos por debajo de 0 °C. Compruebe el rango de temperatura de funcionamiento garantizado: los buenos modelos de exterior funcionan de -20 °C a +50 °C.

La potencia nominal debe medirse en vatios absorbidos, no en vatios de pico. Algunos modelos indican una potencia máxima alcanzada durante solo unos segundos. Es preferible optar por fichas técnicas que indiquen el consumo en régimen estable, idealmente con un consumo anual estimado en kWh para un uso de referencia (p. ej.: 8 h/día en invierno, 180 días). Un panel radiante de 1000 W que funcione 8 horas al día durante 6 meses consume aproximadamente 1440 kWh, lo que supone un gasto anual de unos 230 euros según la tarifa regulada actual.

Instalación fija o solución móvil: qué configuración para qué uso

Los paneles de techo fijos ofrecen la mejor homogeneidad de radiación en una superficie definida. Instalados a una altura de entre 2 y 2,5 m, cubren una zona circular cuyo diámetro es aproximadamente igual a 1,5 veces la altura de instalación. Un panel de 1200 W fijado a 2,2 m cubre cómodamente entre 8 y 10 m². El cableado de 230 V es estándar para potencias inferiores a 3000 W; por encima de esta cifra, suele ser necesaria una conexión trifásica de 400 V, con un interruptor diferencial de 30 mA específico.

Los modelos con pie o trípode satisfacen las necesidades de uso temporal, en obras o en configuraciones cambiantes. Su principal ventaja es la orientación ajustable del haz radiante. Su limitación es la estabilidad mecánica: compruebe la base, el peso total y el sistema antivuelco con corte automático. Un emisor de cuarzo volcado sobre una superficie combustible constituye un riesgo real. El sistema de corte antivuelco debe estar certificado, no solo anunciado.

Un termostato de regulación, ya sea integrado o externo, reduce el consumo real en un factor de 1,5 a 2 en comparación con un funcionamiento todo o nada por franjas horarias. Los modelos compatibles con los protocolos domóticos (Zigbee, Z-Wave, Wi-Fi) permiten una regulación precisa al grado, con programación semanal y seguimiento del consumo. Esta funcionalidad amortiza rápidamente su coste en instalaciones fijas en estancias de uso habitual.

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